9,5 toneladas de oro en un barco pesquero: la historia que no cuadra por ningún lado en un misterioso barco pesquero argentino

por | agosto 1, 2025
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¿Un barco pesquero de 1979 transportando oro como si fuera merluza? Algo huele mal, y no precisamente a pescado podrido.

Querría empezar esta historia como un cuento de aventuras marítimas, pero no hay manera. Los números bailan, las versiones se contradicen y hasta los expertos se rascan la cabeza preguntándose qué diablos ha pasado realmente. En Argentina acaban de sacar del fondo del mar 9,5 toneladas de oro y plata valoradas en 22 millones de dólares. Suena espectacular, ¿verdad? Pues resulta que esta historia tiene más agujeros que un queso gruyère.

El 18 de enero, un barco pesquero chileno decidió irse a pique cerca del Estrecho de Magallanes. Hasta aquí, nada raro: esas aguas se han tragado más embarcaciones de las que podemos contar. Pero aquí viene lo bueno: resulta que ese «simple» barco pesquero llevaba en sus entrañas casi 10 toneladas de metales preciosos. Es como descubrir que tu vecino el jubilado guarda un Picasso en el garaje.

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©Buceoworld : barco pesquero argentino tesoro

La operación de rescate más cara que una boda real

La búsqueda ha sido todo un espectáculo digno de Hollywood, pero en versión patagónica y con mucho más frío. Han participado unos 20 navíos y hasta un submarino robot. Es como montar una producción de Steven Spielberg para recuperar unas «simples» barras de metal del fondo marino.

Jorge Palme, presidente de Cerro Vanguardia SA y dueño de las minas de donde supuestamente salió todo ese oro, habla del asunto con la tranquilidad de quien comenta el tiempo. «Siete barras quedaron en el fondo marino», dice, como si perdiera llaves en el sofá. Pero son siete barras de oro, Jorge. Oro de verdad. Del que brilla y vale una fortuna.

La operación se alargó varias semanas debido al tiempo tempestuoso del invierno austral. Imagínate el coste: 20 barcos trabajando en una de las zonas más hostiles del planeta, con un submarino robot de última generación buceando en aguas heladas. Todo eso para recuperar el cargamento de un barco pesquero. Es como usar un Ferrari para ir a comprar el pan, pero multiplicado por mil.

El timing también llama la atención. La tripulación fue rescatada en helicóptero dos días antes del hundimiento, justo después de enviar una llamada de socorro durante una tormenta violenta. Perfecto, ¿no? Tiempo suficiente para salvar las vidas, pero no para evacuar 22 millones de dólares en metales preciosos. Curioso cuanto menos.

Las preguntas incómodas que nadie quiere responder

La prensa argentina y los expertos marítimos han puesto el dedo en la llaga con preguntas que son puro sentido común, pero que parecen molestar a más de uno. Y es que hay detalles en esta historia que crujen más que un barco viejo en temporal.

Primera pregunta que duele: ¿por qué la tripulación abandonó los metales preciosos cuando habría sido más seguro quedarse a bordo? Si yo tuviera 22 millones de dólares en oro en mi barco, probablemente me quedaría pegado a él como una lapa. O al menos intentaría salvar algo antes de salir corriendo hacia el helicóptero. Pero no, se fueron tan tranquilos y dejaron el tesoro para que se lo llevaran las corrientes.

Segunda pregunta aún más punzante: ¿por qué un barco pesquero construido en 1979 fue usado para transportar toneladas de oro y plata? Es como ver a tu abuelo transportando lingotes de oro en una bicicleta oxidada. Técnicamente se puede hacer, pero ¿tiene algún sentido? Los barcos pesqueros están diseñados para pescar atún, no para ser la caja fuerte flotante del Banco Central.

Tercera pregunta que no deja dormir: ¿realmente seguían todos los metales preciosos a bordo cuando se hundió el barco? Porque, vamos a ver, si tienes dos días para enviar señales de socorro y esperar el rescate, también tienes tiempo para mover algunas barras de oro. No estamos hablando de equipaje de mano, pero tampoco es misión imposible.

Los expertos marítimos han puesto en duda toda la versión oficial. Y no es para menos. La historia suena como esas excusas que inventas cuando llegas tarde a casa: técnicamente posible, pero con tantos flecos sueltos que hasta tu suegra levanta una ceja.

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Un barco pesquero que vale más que un yate de lujo

Hagamos las cuentas, que siempre ayudan a poner las cosas en perspectiva y a separar el grano de la paja. Un barco pesquero típico de 1979 vale, siendo muy generosos, unos pocos cientos de miles de dólares en el mejor de los casos. Pero este ejemplar llevaba una carga valorada en 22 millones. Es como si tu viejo Seat Panda llevara un motor de Fórmula 1 y nadie se diera cuenta.

La operación de recuperación ha sido un despliegue naval digno de una superpotencia. Veinte navíos no se movilizan para recuperar redes de pesca olvidadas. Ni siquiera para salvar ballenas varadas. Se movilizan para algo que vale la pena, y mucho. El coste de la operación probablemente se acerca peligrosamente al valor de lo recuperado.

Lo que me fascina es cómo todos los involucrados mantienen esa calma chicha, como si transportar oro en barcos pesqueros fuera el negocio más normal del mundo. Jorge Palme habla de las barras perdidas con la naturalidad de quien comenta que se le ha caído un calcetín en la lavadora. Pero son lingotes de oro, Jorge. Oro que sale de sus propias minas.

El Estrecho de Magallanes tampoco es precisamente la ruta más lógica para transportar metales preciosos desde las minas argentinas hacia cualquier destino comercial sensato. Es como ir de Madrid a Barcelona pasando por Lisboa: se puede hacer, pero ¿para qué complicarse tanto la vida? ¿No había rutas más directas y seguras?

Y luego está el tema del seguro, que debe ser todo un dolor de cabeza. Porque algo me dice que la póliza de un barco pesquero de hace 45 años no cubre exactamente 22 millones de dólares en metales preciosos. Es como asegurar tu bicicleta y luego montarle un motor de moto: la aseguradora va a tener preguntas muy incómodas.

La tripulación, por cierto, fue rescatada sin mayores problemas. Todos salvos, todos contentos. Pero el oro se quedó en el fondo, esperando pacientemente a que llegaran 20 barcos y un submarino robot para recuperarlo. ¿No les pareció raro dejar atrás el equivalente al presupuesto anual de varios ministerios?

Las condiciones meteorológicas eran adversas, eso es cierto. El invierno austral no perdona en esas latitudes. Pero también es cierto que las tormentas no llegan de la nada, y cualquier capitán experimentado sabe leer el tiempo. ¿Por qué zarpar con semejante carga en condiciones tan precarias?

¿Qué sabemos realmente de este tesoro hundido?

¿Es normal que los barcos pesqueros transporten oro?

Para nada normal. Los barcos pesqueros están diseñados, asegurados y habilitados para transportar pescado, no metales preciosos. Es como usar un taxi para una mudanza: técnicamente posible, pero absurdo desde cualquier punto de vista logístico y legal.

¿Por qué tardaron tanto en recuperar el tesoro si sabían exactamente dónde estaba?

Las condiciones del Estrecho de Magallanes son extremas, especialmente en invierno austral, con vientos que pueden superar los 100 km/h. Pero también cabe preguntarse si había otras consideraciones de tipo legal, administrativo o político que retrasaron la operación.

¿Cuánto puede costar una operación de rescate de estas características?

Una operación con 20 navíos, submarino robot y varias semanas de trabajo en aguas patagónicas puede costar varios millones de dólares. Probablemente una cifra que se acerca peligrosamente al valor del tesoro recuperado.

¿Qué pasa con las siete barras que quedaron en el fondo?

Según Jorge Palme, permanecen en el lecho marino. Presumiblemente seguirán intentando recuperarlas cuando las condiciones meteorológicas lo permitan, aunque el coste-beneficio de la operación empiece a ser cuestionable.

¿Es legal transportar oro de esta manera?

El oro procedente de minas legales puede transportarse, pero debe seguir protocolos específicos de seguridad, documentación y rutas autorizadas. Un barco pesquero de 1979 no parece el medio de transporte más apropiado para semejante carga.

Fuente : https://revistamarina.cl/revistas/2015/2/ccastrob.pdf